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Lima: capital y región PDF Imprimir E-mail

por Mariana Alegre

Uno de los problemas más importantes que afronta Lima Metropolitana es la falta de un sistema político que le otorgue la importancia que debiera tener. Con una posición estratégica en la que comparte con el Callao un territorio conurbado, Lima concentra a la mayoría de sus habitantes y su PBI supera de lejos a cualquier otra región del país. Sin embargo, la fragmentación distrital no ayuda a consolidar su autoridad como entidad supradistrital y el régimen especial que se le ha otorgado es, por el momento, prácticamente vacío de competencias y contenido.

Es esta mala estructura de poder la que genera consecuencias nocivas para los habitantes de Lima. Un ejemplo es la duplicidad en el otorgamiento de licencias a rutas de buses por parte del Callao sobre la jurisdicción de Lima Metropolitana. Otro ejemplo es la heterogeneidad en distintos elementos urbanos, como, las ciclovías.

A la autoridad metropolitana le cuesta mantener y reforzar su carácter rector sobre los distritos. Si bien estos últimos son importantes para mantener cercanas las relaciones con los vecinos y atender sus necesidades más locales, la autoridad principal debiera ser única en temas tan importantes como la asignación de los usos de los suelos, la planificación del transporte y el desarrollo urbano.

En consecuencia, Lima tiene escaso poder y poquísimos recursos. En comparación con otras ciudades de la región latinoamericana, es la que menos dinero tiene asignado per cápita para sus habitantes. ¿Cómo entonces puede garantizarse que los servicios públicos y las obras lleguen a todos? Además de promover una Autoridad Única del Transporte para Lima y Callao, otras áreas también deberían tener una regulación especial. De igual modo, las transferencias del Estado nacional debieran ser más generosas y mecanismos de recuperación de valor deberían ser implementados.

Por supuesto, la concentración de competencias y recursos en una autoridad principal no debe estar exenta de control ni de mecanismos de transparencia. La Contraloría y otros organismos de supervisión deben saber fiscalizar las políticas e inversiones. Por otro lado, la participación ciudadana ha de estar presente y herramientas de consulta son ineludibles cuando se busca un gobierno en el que se pueda confiar.

Si bien el camino es largo para implementar reformas como estas, mejor es empezar pronto que tarde. Con instrumentos simples como un plan de metas al cual se comprometa el alcalde, ya estaríamos avanzando. Con acuerdos y pactos vinculantes también. Por el bien de Lima y sus ciudadanos, nuestras autoridades deberían optar por esta ruta. 14 de Octubre 2015. peru21.pe