Síguenos en Revista El Mirador en Facebook Revista El Mirador en Twitter Revista El Mirador en YouTube
Los pocos cholos de Harvard PDF Imprimir E-mail

Becas Erasmus

Informe sobre el abandono del estado peruano a los estudiantes que quieren lograr especialización o doctorados en sus carreras y cómo otros países latinoamericanos apoyan a sus estudiantes.

Por Diego Macera

Estreno este blog comentando que hace tres meses empecé mis estudios en la maestría de Políticas Públicas de la Universidad de Chicago. Este programa y esta universidad habían sido casi un sueño para mí durante mucho tiempo, y la experiencia hasta el momento –tanto académica, como personal– ha valido cada uno de los días de espera.

Como cualquier recién llegado a un lugar desconocido, mi primer instinto fue buscar lo familiar: algún otro peruano. Para mi frustración, descubrí que yo era el único no sólo en mi promoción del primer año, sino en todo el programa. En contraste con los más de 20 mexicanos, 7 colombianos, 4 chilenos, entre otros números similares para distintas nacionalidades latinoamericanas, quedaba claro que algún problema estructural debía existir. Decidí continuar investigando.

Luego de ponerme en contacto con gente que también sigue estudios de posgrado en Estados Unidos, encontré que el número de estudiantes peruanos que, por ejemplo, están inscritos en programas de doctorado en Economía rankeados en el top 10 de este país es sorprendentemente pequeño. Un peruano en UC Berkeley, Stanford, Northwestern, Yale y en la Universidad de Chicago, y cinco peruanos en la Universidad de Minnesota (casa de estudios del ex ministro Luis Carranza).

En tanto, por ejemplo, sólo en la Universidad de Chicago hay ocho candidatos al doctorado en Economía chilenos y otros cinco de la misma nacionalidad al doctorado en Políticas Públicas. Northwestern, por su parte, tiene a seis chilenos inscritos en su PhD de Economía y los números son similares para otras universidades del top 10. En palabras de uno de los candidatos peruanos, “si comparamos con Chile o Argentina, la diferencia es ridícula”.

Una primera explicación a este asunto podría encontrarse en una supuesta baja calidad académica y profesional de los postulantes peruanos a los programas top de posgrado a nivel global, la cual les impediría ingresar.

Sin embargo, el motivo parece ir por un lado tanto más simple: cómo financiar el significativo gasto que supone estudiar entre dos y seis años en el extranjero. No se trata únicamente de pagar los derechos académicos del programa elegido –dependiendo del caso, estos pueden superar los US$40,000 por año–, sino también el costo de vida en ciudades con precios relativamente altos sumado al costo de oportunidad de dejar de trabajar durante el periodo de estudios.

¿Qué hacen otros países de la región para promover la educación superior internacional? México, por ejemplo, tiene un amplio programa financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) abierto para cualquier mexicano con un buen rendimiento académico que cubre la mayor parte de los costos de vida. Aquellos que no accedan a este pueden recurrir a préstamos estatales con tasas de interés cercanas al 1%. Además, desde hace dos años y con el objetivo de mejorar la gestión del Estado, a los servidores públicos que hayan ingresado a una universidad reconocida a nivel global Conacyt les ofrece cubrir no sólo el costo de vida, sino también los derechos académicos completos. La condición es que estos becarios regresen a trabajar al sector público una vez terminados los estudios.

Becas Chile, por otro lado, es una iniciativa directamente financiada con los ahorros fiscales obtenidos a partir de los ingresos del cobre en el país del sur. Entre el 2009 y el 2011, Becas Chile otorgó casi 4,000 becas completas, más de 1,400 de ellas para financiar competitivos programas de doctorado en el exterior, varios de ellos en las mejores universidades del mundo.

El programa cubre todos los derechos académicos del posgrado elegido –que puede ser de cualquier especialidad, excepto negocios o derecho corporativo– y otorga por lo general un estipendio superior a US$1,000 mensuales para costos de vida. El becario, a cambio, se compromete a regresar a Chile y residir en el país dos años por cada año que haya pasado estudiando afuera si se instala en Santiago, y un año por cada año que haya transcurrido en el exterior si se instala fuera de la capital.

En el caso peruano, la institución pública responsable del asunto es la Oficina de Becas y Crédito Educativo del Ministerio de Educación (OBEC). El enlace directo a la sección Becas Internacionales en su página web muestra tan sólo cinco becas disponibles: cuatro de ellas en Egipto y una en la India, todas para cursos cortos. Por cierto, ningún enlace para conocer más acerca de estas becas funciona.

Una alternativa adicional son las becas ofrecidas por organismos como el Banco Mundial o el BID. Si bien son competitivas, el financiamiento de estas suele ser bastante generoso. Sin embargo, el proceso tiene también serios inconvenientes. Muchas de estas multilaterales encargan al mismo Minedu una preselección de los postulantes a las maestrías o doctorados, de modo que los candidatos que el ministerio apruebe serán luego evaluados por el organismo que otorga la beca. Según fuentes internas del Minedu, si bien no se trata de una práctica explícita, parte crucial del criterio que utiliza la OBEC para recomendar a los candidatos nacionales es el nivel socioeconómico del postulante, con estricta preferencia hacia candidatos en extrema pobreza. Así, debido a la baja calidad de la educación pública nacional, no son muchos los casos en los que los estudiantes recomendados por el Minedu logran cumplir satisfactoriamente los requisitos de los organismos multilaterales, y finalmente la beca se pierde.

Con la honrosa excepción de las becas del Banco Central de Reserva (BCR) para sus trabajadores destacados –institución que posiblemente concentra más doctores de universidades de élite que todo el resto de la administración pública peruana junta–, los programas de financiamiento para ciudadanos peruanos resultan sumamente limitados o inexistentes. En consecuencia, para aquellos que desean ir a perfeccionar sus estudios afuera pero no disponen de algunos varios miles de dólares extra, la alternativa son casi siempre los préstamos de bancos privados. En estos casos el BCP, Interbank y el BBVA Continental ofrecen tasas efectivas anuales cercanas al 12%. Las condiciones, resulta obvio, desaniman a más de uno.

En una economía global de conocimiento, no parece sorprendente que, según un estudio publicado en el 2011 por el prestigioso journal Nature, el número de doctorados otorgados en ciencia ha crecido a un ritmo de 40% anual entre los países miembros de la OECD. Más interesante aún: la misma investigación menciona que los países en desarrollo que crecen más rápido –como sucede en el caso chino o peruano– aprovechan mucho mejor que los países desarrollados los beneficios de tener trabajadores altamente capacitados en sus economías. Chile, Colombia, México, entre otros, parecen haber tomado nota de ello. En el Perú, la falta de una política institucional seria que quiera apostar por brindar la oportunidad a la población de instruirse en los mejores centros educativos del mundo podría bien pasar factura en el mediano plazo, mientras los demás países de la región cumplen con aprovechar al máximo su capital humano. A Chicago voy de Semana Económica. Foto: Internet/ Becas Erasmus

Abril 2013