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Energia: La Magia del Desarrollo PDF Imprimir E-mail

Energia: La Magia del Desarrollo

Por Oscar Maúrtua de Romaña

Desde hace más de una década el Perú viene experimentado un auge económico que se sostiene básicamente en los altos precios de nuestros commodities, principalmente oro, cobre gas natural y zinc, entre otros; el aumento de la productividad y el incremento de las inversiones. Nuestra historia republicana nos da ejemplos de otras “épocas doradas” que, por una serie de razones, terminaron siendo solo “oportunidades perdidas”.

Está en nuestras manos el poder aprovechar estos recursos, canalizarlos para obtener el tan ansiado desarrollo. Según el Banco Mundial, el Perú fue el segundo país en lo que se refiere a crecimiento económico per cápita, después de Panamá. Salvo por la coyuntura de la crisis financiera internacional del 2008-2009 hemos logrado crecer a una tasa media anual del 5%. Según el INEI, la pobreza se ha reducido de un 54% en el 2001 a un 31,3% en el 2010.

El Perú ha cumplido, con relativo éxito, las reformas de primera generación. De hecho, desde más de 20 años nuestra nación empezó su apertura al mundo y logró consolidar un entorno macroeconómico estable. Sin embargó, nos enfrentamos ahora a los retos que traen consigo las reformas de segunda generación, tales como fortalecimiento de las instituciones, derechos de propiedad intelectual, inversión en investigación y desarrollo, educación, sistema de salud, y naturalmente, la energía.

La economía peruana presenta una tendencia exponencial. El consumo de energía también ha crecido a la par del PBI. Este panorama, a primera vista alentador, puede crear serios problemas de abastecimiento de energía en el futuro si es que no se toman las medidas necesarias.

En efecto, el Ministerio de Energía y Minas (MINAM), en su informe anual "Perú: Sector Eléctrico” del 2010, difundió que en el periodo 2004 - 2009 la producción de energía eléctrica experimentó un crecimiento del 7% de promedio anual, es decir, aproximadamente 1800 GWh/anuales.

El consumo eléctrico peruano ha aumentado también de forma sostenida a una tasa media anual del 8%. De mantenerse esta tendencia, en menos de 9 años este consumo se va a duplicar, lo cual exigirá invertir en la construcción de grandes, mediana y pequeñas centrales eléctricas.

Lamentablemente, en la actualidad impera una visión dominante de corto plazo la cual pretende enfrentar este creciente consumo eléctrico con la construcción de más grandes instalaciones convencionales de generación eléctrica (sobre todo hidroeléctricas y centrales térmicas de gas natural) sin considerar que esta solución conlleva la destrucción de grandes espacios medioambientales, a menudo con impactos ecológicos irreversibles, y el agotamiento acelerado de los recursos de gas natural, hipotecando el futuro de las generaciones venideras.

Además, para los planes de construcción de centrales hidroeléctricas, no se ha tomado en cuenta el estrés hídrico que están sufriendo los ríos, debido a la pérdida de masa glaciar.

La irresponsabilidad de promover estas construcciones bajo un horizonte de grave impacto del cambio climático en las cuencas hidrográficas del Perú refleja una visión a corto plazo y la inexistencia de una planificada estrategia energética basada en criterios de sostenibilidad.

La respuesta para afrontar la futura demanda eléctrica consiste en vivir mejor con menos, eso significa: ahorro energético, eficiencia energética y consumo inteligente. Aquí es donde la pujante clase media peruana juega un rol muy importante, en la medida que apoye iniciativas de ahorro de energía y desarrollo de fuentes renovables de energía.

La geografía del Perú impone un reto para el desarrollo de una infraestructura que incluye la electrificación, que se hace difícil y muy costoso de superar en ciertos lugares del país. Bajo estas condiciones, una producción local de la energía frecuentemente es económicamente más razonable y disminuye los gastos en las redes de grandes distancias. Ofrece la posibilidad de usar la energía renovable localmente disponible, sea solar, de agua, viento, biomasa y otras formas.

Estoy persuadido que la pujanza del consumo de nuestra población por la energía eléctrica se mantendrá en aumento persistente y por tanto el Estado, la sociedad civil y el empresariado deben conciliar esfuerzos para que a través del fomento de una cultura de ahorro energético podamis asegurar el abastecimientos de las futuras generaciones, lo cual redundará en beneficio del Perú, la Comunidad Andina (CAN) y Latinoamérica.